Hagamos el humor

"¿Alguien puede sentirse atraído por Whoopi Goldberg?". La pregunta me asaltó leyendo un sesudo ensayo sobre las diferencias hombre-mujer, que tenía un par de párrafos respecto de qué hace reír a uno y otro sexo, un tema sorprendentemente poco abordado. La interrogante estaba cargada de contenido racista, por lo que espero no la haya leído Roberto Ampuero, quien en este mismo diario se tiró en picada contra los que trataban de "negrita" a Condoleezza Rice y a Aucán Huilcamán de "indio pícaro". Contenía además un claro ninguneo estético, porque Whoopi es gorda, poco agraciada y ya no es un lirio, condiciones ideales para convertir a una mujer en objeto de risa.

Es que el humor dominante en los escenarios y en los medios resulta claramente masculino; por no decir machista de frentón. Las mujeres en las rutinas cómicas aparecen o en el papel de doña Tremebunda, la suegra bigotuda y gorda, o en el de las gatitas de Porcel, o del Kike Morandé, exiguas en materia de vestuario y de neuronas, como meros objetos decorativos. Quizás por esto el mismo analista sostiene que difícilmente se encuentra a una mujer atractiva ejerciendo el humor en forma profesional. "Cuando una actriz hace chistes, generalmente adopta una autocaricatura, una disposición de payasa, una negación de su atractivo sexual", sentencia. Y concluye que "los grandes cómicos del cine han sido varones y que hasta Los Simpson dejan a las mujeres en un rol de racionalidad, sentido común y falta de humor".

En la vida real, en cambio, los hombres suelen declarar que los atrae poderosamente una mujer con sentido del humor. Según un reciente estudio hecho en Alemania a pedido de la revista femenina "Brigitte", para los germanos tener "una pareja divertida es más importante que el buen sexo". El 72 por ciento de los encuestados considera este atributo tan importante como el atractivo físico y el 55 por ciento estima que las mujeres con humor son más inteligentes que las que carecen de él.

El punto es saber qué entienden los hombres, tanto en Chile, Alemania o Tombuctú, por este concepto: ¿una mujer que les celebre las tallas?, ¿una que no se complique cuando él anuncia que va a tirar una carnecita a la parrilla con su club de Tobi?, ¿una que no dramatice los conflictos?, ¿una buena para la talla?, ¿una que no se espante con las manifestaciones escatológicas, digamos pedos y eructos?

Rodeada el otro día por una turba de machos creativos (era la única mujer en una reunión de eso que en el ambiente de los medios se denomina "brainstorming"), uno de ellos declaró con tono desafiante: "Las mujeres no tienen humor", y me miró a los ojos. Barajé mis posibilidades: desarrollar una rutina de imitaciones a lo Renata Bravo, hacerme la lesa, entrar en un coqueteo provocativo con destellos de ingeniosidad o lanzarle una patochada a lo Patricia Maldonado. En eso estaba cuando agregó: "Las mujeres son unas amargadas y sólo saben quejarse". Ahí vi la luz y me dio penita. Supe que mi interlocutor estaba pensando en su ex mujer y confirmé mi hipótesis: los hombres confunden el amor con el humor. Para ellos, el mejor chiste de una mujer es que se fije en ellos. De manera que cuando una deja de hacerlo, ya no les corresponde y empieza a encontrar divertidos a otros, inmediatamente es calificada de latera y tonta. Sentido del amor, paciencia y fidelidad a toda prueba, eso es lo que buscan ellos en ellas. En eso consiste para los hombres el sentido del humor femenino. \\

 

Por: Ximena Torres Cautivo 

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